Dame un abrazo

Me encanta abrazarle aunque él nunca me devuelva los abrazos. Se ríe tímido, contenido, y me da unos golpecitos en la espalda que sólo yo logro entender. Es el viejo sabor de las cosas de siempre. Pan con chocolate para merendar, pellizcos disimulados debajo de la mesa, muñecas decapitadas por arte de birlibirloque, chivatazos, noches de linterna y galletas, bautizos de monedas, peleas y confidencias entre hermanos…

Crece esa mano protectora que tanto me reconfortaba a la salida del colegio y de la que tanto me gustaba alardear. – Id siempre de la mano, no os soltéis de vuestro hermano-, nos decía mamá. Él siempre nos protegía con celo de perro guardián.

Tan próximo a veces, tan lejano otras. De vez en cuando, se despoja de su fachada rígida e intransigente para mostrarnos tal cual es. Sin frenos. Con sus preocupaciones y temores.

No es de consejos compasivos; más bien rayan la crudeza. Es su forma de proteger a los que quiere y de protegerse a sí mismo. De enorme corazón, inocente, curioso, valiente y sincero, hacen que su terquedad, a ritmo machacón, sea tan solo una manifestación de la rebeldía propia de un niño. Niño que siempre fue grande y hombre que nunca dejará de ser niño.

Te deseo un feliz cumpleaños.

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Retrato de una crisis

Fue un niño solitario; en ocasiones agresivo y disperso. Con los años se convirtió en una persona de ojos inexpresivos y extraviados. Proyectaba un halo de amarga derrota. Sin embargo, sus sentidos siempre estuvieron despiertos. Poco a poco, su presencia se hizo imponente y abultada. Le juzgamos mal, pues sin darnos cuenta había elaborado un plan del todo maquiavélico.

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Para Ella

Siempre me ha encantado observarla por las mañanas, recién levantada. Después de desperezarse, se atusa el pelo alborotado por el sueño, dedicando especial esmero a los rizos más rebeldes y enérgica se dirige a por su bata verde, que cuelga detrás de la puerta del dormitorio. Se la anuda con gesto decidido y camina hacia la cocina con sus zapatillas de casa.

Le suelo decir que parece una condesa del siglo XVII enfundada en esa bata horrible. Es de tacto aterciopelado y con hombreras y sus zapatillas de 5 centímetros de tacón le dan un aire cómico. ¡Cómo nos reímos!

Se prepara el desayuno centrada en la lista de tareas de casa que le esperan. Se bebe el café con leche de soja –su delicado estómago es tajante con los lácteos – y mastica sin saborear una tostada con mermelada.

Como todas las mañanas, se acerca a la jaula del pájaro, un yaco de 11 años, y le saluda silbando y chasqueando los dedos. Le pregunta cómo está hoy, y ella responde por él con canciones de rimas tontas. A ella le encanta cantar, una canción tras otra. No lo hace mal, pero suele desafinar bastante, a lo que se excusa diciendo que ‘no tiene oído’ –de pequeña se le estalló el tímpano y su pérdida auditiva aparece cuando nos reímos de sus versiones musicales-.

Hoy le duelen las manos. Una artrosis galopante ha deformado algunos de sus dedos, alargados y finos antes. ¡Son manos de pianista! –bromea. Apenas puede cerrar el puño, pero ella no para de estrujar los trapos.

Antes de enfrentarse a las tareas diarias, se concede unos minutos delante de la ventana. Madre cariñosa y maternal, sensual, divertida y ÚNICA.

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Canta, ríe, bebe…mientras puedas

Es época de turrón, espumillones y cómo no, de villancicos. Esas cancioncillas populares de estribillos facilones que taladran el cerebro hasta que ¡ay va! descubres que tienen su gracia.

El otro día fue mi hermano quien se sorprendió cantando el exitazo  “Canta, ríe, bebe” cuyo final es un tanto pintoresco, por llamarlo de algún modo. Sin más, afinen sus oídos en el minuto 2′ 40”.

Sí, esas voces en apariencia inofensiva dicen claramente “y dale al tendero un tiro en la sien”. No “dale un puñado de miel”, tampoco  “cuidale bien” y todas las disculpas que se os puedan ocurrir.   Por favor, se busca historiador, musicómano, poeta, que arroje algo de luz a esta proeza.

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Hasta nunca

ETA. AGUR. NO TE ECHAREMOS DE MENOS. NUNCA.

El 20 de octubre de 2011 la banda terrorista ETA anunciaba el “cese definitivo” de su actividad armada. A las 18.55 horas de ese jueves, me encontraba en mi puesto de trabajo, apretando repetidas veces la tecla F5 delante la  web del diario GARA, esperando la noticia que horas antes tan solo eran rumores en las redes sociales. A  las 19.00 en punto de la tarde, la banda armada informaba  en un vídeo su decisión de abandono de las armas.

El escenario no cambiaba. La vestimenta tampoco. Ni la actitud chulesca. Ni la retórica en sus enunciados. Pero lo que importa es el contenido explícito. La banda armada claudica. Se acabó.

Me alegro tanto de que este día haya llegado, pero llega con muchos años de retraso. Me acuerdo de las víctimas de ETA que han sido asesinadas, acosadas y extorsionadas. Y pienso que no habría mayor injusticia para ellas si el cierre de este triste episodio en nuestra historia termina con concesiones para quienes han matado u ordenado a hacerlo. Sin haber pedido perdón a las víctimas. Sin mostrar signos de arrepentimiento.

Aunque sinceramente y lamentablemente, dudo que eso vaya a ocurrir algún día. Los que han defendido siempre sus ideas con pistolas no van a cambiar sus creencias de la noche a la mañana, por mucho que nos pese. También temo que esta nueva etapa venga acompañada ahora de una avalancha de peticiones de la izquierda abertzale y los responsables políticos no sepan gestionarlas.

Pero de lo que no hay duda es de que se abre una nueva era política en Euskadi. De diálogo y de paz. O al menos, eso queremos y necesitamos creer todos.

 

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Campista a la vista


Cuando te vas de acampada debes saber que, sin quererlo, acabarás renunciando a cualquier intento de aburguesamiento. Las comodidades urbanitas dejan paso al singular ‘modus operandi’ del campista y de forma espontánea, terminas compartiendo las costumbres inherentes a estos felices veraneantes.

Levantarse por las mañanas acompañados del rollo de papel higiénico es una imagen que sorprende el primer día y hasta causa algo de reparo; sin embargo, el segundo día de aventura es algo que jamás osaríamos olvidar.

Llegar hasta los servicios recién levantado es un mal trago por el que hay que pasar pero que al final se acaba digiriendo. Al principio, caminas con la cabeza gacha, temiendo dar los buenos días, evitando saludar hasta el punto de rozar la mala educación. Al segundo día, las bolsas en los ojos y el pelo desaliñado forman parte de un natural despertar.

Cautela y timidez van escritas en tu frente de novato. Te paseas por los alrededores sin hacer apenas uso de los equipamientos que ofrece el camping y asomas el hocico en cada rincón, observando bien antes de preguntar cualquier obviedad. Pero una vez inspeccionado el terreno, ya alardeas de la estrella de sheriff. Sabes que jamás volverías a pagar 3 euros que cuesta el punto de luz pudiendo cargar la batería del móvil en los enchufes de los lavabos; aprendes a no volver a escoger una parcela en cuesta, por mínima que sea la pendiente o a no dejar comida cerca de la tienda de campaña.

Lavar la ropa en la pila, tender en cuerdas, beber en un poto, limpiar el coche a golpe de manguerazo, desayunar bollos recién hechos, volver a desayunar los bollos del día anterior, escuchar los grillos a media noche, hinchar las colchonetas también a media noche, despertarse con los primeros rayos de sol…se convierten en grandes placeres para algunos y en pequeñas calamidades para otros. ¿Para mí? Una experiencia muy repetible. En el próximo post hablaré de los cuatro campings en los que estuve este verano, Cascais, Albufeira, Conil y El Puerto de Santa María.

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El baúl de los recuerdos

Peonza

El otro día, tomando algo con unos amigos, nos abordó a todos una extraña sensación. Acompañados de una copa –de esas que prometen noches de reflexiones tan profundas como descabelladas- comenzamos a recordar los dibujos animados de nuestra infancia; las maquinitas que compartíamos con nuestros hermanos turnándonos ‘a vidas’ y ¡hasta la primera paga de cien pesetas! Todos contribuimos a recorrer la historia de cada moneda, como salidos de la propia Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Cada introducción al estilo, ¿Y os acordáis de….? garantizaba minutos de hechizo; risas; anécdotas; un fugaz pero apasionado viaje a la infancia. De pronto alguien comentó de refilón: ¡qué viejos somos! Y tras unos minutos de sonrisas cómplices y miradas nostálgicas, la conversación continuó por otros derroteros.

Pero, ¿qué viejos somos o qué rápido han cambiado las cosas? Ninguno de los que compartíamos mesa pasa la treintena. Somos de los que conocimos el cinexin,  la peonza, las canicas y el casette y ahora no podemos vivir sin internet, la playstation o el iPad. También nos cuesta seguir una conversación sin desviar la mirada a la pantalla del móvil, salimos a correr con nuestro mp3 y ponemos el grito en el cielo si nos quedamos sin batería en el portátil.

Antes no disponíamos de tantos caprichos y comodidades  pero vivíamos más despreocupados. Creo que es el precio que hemos tenido que pagar. Un gadget a cambio de 21 gramos de felicidad.

No pongo en duda los cambios que ha supuesto los avances de la tecnología en nuestra vida, pero como en aquella canción de “El baúl de los recuerdos”, volver la vista atrás es bueno a veces. Aunque sea sólo para engañarnos de que cualquier tiempo pasado fue peor.

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Compañía en la playa

Dune du Pilat

Imagen: Ilusionas (www.ilusionas.com)

Hay personas que necesitan compañía, estar cerca de alguien, sentir su calor. Cuando esta placentera sensación se traslada a la playa y junto a unos desconocidos, la cosa cambia.

Por más que uno se afane en encontrar el reducto más seguro, siempre tendremos como aperitivo a la señora lapa, que en un abrir y cerrar de ojos, se pegará –literal- a los felices veraneantes. Lejos de ser una especie en extinción, éstas se multiplican como las estafas en verano cuando localizan a una pareja vulnerable. Con el poco disimulo que guardan a esa edad, extienden su vieja toalla de ducha tan cerca como se lo permite su descaro y se atrincheran haciendo una pequeña montañita de arena para vigilar a sus vecinos, digo, para apoyar cómodamente el cuello.

Pero sin duda, no hay nada como la voz de la progenitora más protectora que advierte a sus retoños, eso sí, a un kilómetro de distancia y a grito pelado, que tengan cuidado con las olas. Y cuando uno ha conseguido estóicamente adormecerse entre berridos y reprimendas, el regreso de los niños a la toalla avecina más marcha. Perversión en estado puro. Los pequeños se amenazan unos a otros con cubos llenos de arena y utilizan como ‘escudo’ a los bañistas de alrededor. El desenlace promete, pero entonces entra en escena el chico que reparte bollos gigantes de chocolate y albaricoque entonando una repetitiva melodía. –En la playa de Hendaya sigue existiendo esta figura, que en los arenales donostiarras sonaba con un “Paaatatas, Cooooca Cola, Fanta.[stop]Agua.” Este canto a las viejas costumbres me traslada a mi niñez y su cantinela me deja caer en un sueño profundo.

Al despertar, una uña de un pie que no tengo el placer de conocer me sorprende, tamaño macro, delante de mis narices. Me giro y mis pies peinan la cabeza del bañista de al lado. ¿A qué se debe semejante apiñamiento? La subida de la marea, traicionera, ha provocado una histeria colectiva y todos corren a salvar sus toallas  y chancletas. Ahora solo pido que salga un poco el sol.

 

 

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Música y tomates para el verano

Dicen que  en verano es cuando más debe consumirse el tomate. Eso sí, debe ser aplastado antes de ser lanzado. Afinad el oído porque hoy se han presentado los conciertos que tendrán lugar en Sagüés esta Semana Grande. Los presento sin más dilación:

13 de agosto, sábado: Marta Sánchez

14 de agosto, domingo: The Billie Jean/ Melocos

15 de agosto, lunes: Muchachito Bombo Infierno

16 de agosto, martes: Def Con Dos

17 de agosto, miércoles: Mala Rodríguez

18 de agosto, jueves: Zea Mays/ Esne Beltza

19 de agosto, viernes: Melendi

20 de agosto, sábado:Celtas Cortos

¿Cuál se supone que es el plato fuerte? Porque yo ya me he empachado…

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