Qué mal huele

Esto no es política, no. Es un juego chapucero y zafio donde algunos señores entorpecen nuestro porvenir con sus reglas enviciadas. Huele mal, fatal.

Algunos, capitanean la ignorancia hasta lo ridículo (memorable aquel «despido en diferido»). Otros, mangantes untados de mierda hasta las cejas rebañan del bote hasta dejarlo seco. O aquel que se abona al plasma y además no permite preguntas de los periodistas. (Gracias, señor presidente, es usted todo un ejemplo de transparencia). Corrupción, trampas, engaños, malabares para desviar nuestra atención. Y mientras, regalos de boda, chalés vacacionales, fiestas de cumpleaños y más purpurina.

En los medios se suceden las noticias de políticos encausados en varios sumarios por prevaricación, cohecho, malversación de fondos…términos jurídicos con los que ya está familiarizada hasta la vecina del quinto, que se desenvuelve con una oralidad judicial asombrosa.

El mapa de la corrupción acojona: más de 1.900 personas imputadas, más de 130 causas y 170 condenados por este tipo de delitos. ¿Quién dimite?, ¿cuántos de ellos están entre rejas? Y lo más chistoso de todo, ¿por qué la mayoría de alcaldes imputados por corrupción salen reelegidos en las urnas? Apaga, que yo me marcho.