Tecnología, qué perversa eres

Ahora soy incapaz de cocinar sin poner la alarma para calcular los tiempos de cocción y evitar que el pescado acabe chamuscado. Tan fácil como programar los minutos en la vitro y ponerte a otra cosa. ¡Hasta se apaga solita!

Tampoco me suelo acordar de sacar la colada de la lavadora si no oigo el insistente pitido que indica «fin de programa». Cuántas veces he maldecido al encontrar al día siguiente la ropa metida en el tambor.

El microondas no se da por vencido hasta que no saco el vaso de leche y pulso el stop. Suena hasta diez veces, contadas. Y con el lavavajillas, más de lo mismo. El congelador ya no se escarcha porque  ¡también pita si la puerta se queda abierta! Vamos, que mi cocina parece una unidad de cuidados intensivos con tanto soniquete.

Agradezco tanto recordatorio, pero quizá mi mente se esté volviendo cada vez más dependiente y mi cerebro tenga menos espacio para actuar por su cuenta. No corren buenos tiempos para ejercitar ciertas cualidades, pero creo que voy con ventaja; de momento, mi horno nunca se ha puesto a cocinar una receta nueva ni ha hecho nada creativo.

Así que, debería probar un día a apagar todas las alarmas.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.