¿Sabes que existen soluciones más allá de los medicamentos para la ansiedad?
Vivimos en una época en la que, ante el más mínimo síntoma de ansiedad, se recurre a los medicamentos. Se ha instalado la creencia errónea de que solo los fármacos pueden ser efectivos.
La ansiedad es una respuesta natural de tu cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes o difíciles. Te puede ocurrir que antes de hacer una entrevista, un examen o hablar en público, sientas cómo tu corazón se acelera, comienzas a sudar o incluso tienes dificultad para respirar. Todas estas sensaciones son normales y te van a ayudar a estar alerta y a actuar. Son emociones que aparecen y desaparecen cuando la situación termina o te adaptas a ella.
Sin embargo, hay veces que estas emociones en lugar de irse permanecen durante semanas o incluso meses y te pueden llevar a un estado de constante preocupación, con pensamientos que se repiten una y otra vez, sintiendo que eres incapaz de salir de ahí. Este estado de alerta constante afecta profundamente tu sueño, tu manera de relacionarte y tu vida diaria. Aquí, la ansiedad se ha cronificado y lo que trae consigo es sufrimiento y un gran malestar.
En estos casos es cuando hay que buscar y entender la causa de esa ansiedad, es el momento de reflexionar y de hacerte preguntas: de donde viene, qué hay detrás de ella, qué es lo que todavía no soy capaz de ver. Por tanto, no se trata de silenciar los síntomas con medicación porque solo desaparecerán de forma temporal. Si los niegas y los callas, van a volver ya que la causa que los está provocando no la estás tratando.
Entender la causa de tu ansiedad es el primer paso para aprender a manejarla
Detrás de la ansiedad rara vez hay una sola causa. Hemos normalizado un estilo de vida que nos enferma. Sufrimos una sobrecarga mental constante, vivimos “conectados” todo el tiempo, el cerebro no descansa. Parece que en la sociedad actual hay que mostrarse siempre rebosantes de energía, alegres y fuertes. Existe una presión social por ser “productivos” y “felices”. Nos medimos por metas y logros, no por bienestar.
En esta sociedad no hay espacio para el agotamiento y la tristeza porque confunde estos estados con debilidad. Por eso recurrimos a callar nuestro cuerpo, para poder seguir adelante como si todo estuviera bien, alimentando la esperanza de que de repente un día desaparezca el malestar y el sufrimiento.
El primer paso para manejar tu ansiedad es cambiar la forma en como la percibes. En lugar de luchar contra ella y callarla, intenta entender que todos estos síntomas son una alarma de tu cuerpo que te dice que algo está sucediendo dentro de ti que necesita ser escuchado y tratado, pero no callado.
Es importante que comiences a perder el miedo a tus sensaciones internas y dejes de interpretarlas como una amenaza. De tal forma que cuando sientas que tu corazón se acelera, te falta el aire, aparecen temblores o comienzas a sudar, en lugar de pensar que vas a tener un desmayo o un infarto, detente, cambia ese pensamiento de urgencia y miedo por escucha, quédate en quietud y observa cómo te sientes. Este es el primer paso.
A continuación, te comparto una técnica simple que te ayudará a disminuir tu ansiedad.
Técnica sencilla para aliviar la ansiedad
Encuentra un lugar tranquilo donde puedas sentarte o tumbarte durante unos minutos. Lleva tu mano a tu pecho y tu otra mano a tu abdomen. Cierra tus ojos y conecta con tu respiración.
1) Técnica de la respiración cuadrada:
- Inhala 4 segundos.
- Retén 4 segundos.
- Exhala 4 segundos.
- Pausa 4 segundos antes de volver a inhalar.
Siente como entra el aire y te llenas de él y como sale con la exhalación liberando tensión, miedo y pensamientos que ya no te sirven.
Repite tres veces. Puedes decir mentalmente: “Estoy respirando. Estoy a salvo.”
2) Observa tus pensamientos
Hazte la siguiente pregunta: ¿Qué estoy sintiendo ahora?
Tal vez sientas preocupación, enojo, miedo, cansancio. No intentes cambiarlo, solo obsérvalo. Piensa que esta emoción te está avisando de algo. ¿En qué lugar de mi cuerpo siento esta emoción? ¿Pecho, estómago, cuello? Dale espacio para que se exprese, no la trates de tapar o callar. Las emociones aparecen y desaparecen, es el pensamiento repetitivo el que hace que se queden.
Puedes decirle mentalmente: “Te veo, te escucho, pero no me defines.”
Inhala y con la exhalación deja ir esa emoción. Permítete estar presente sin pensar, solo conectando con las sensaciones en tu cuerpo.
3. Conecta con tu entorno. Movimiento consciente
Abre los ojos y observa el lugar donde te encuentras: la luz, la temperatura, los objetos que te rodean, las paredes.
Tal vez quieras estirar tus brazos, despacio, suave, con tu atención puesta en cada sensación que pueda surgir.
Ahora puedes cerrar tus ojos y colocar tus manos una sobre la otra en tu pecho. Siente el movimiento de tu respiración. Repite en silencio o en voz alta:
“Estoy aquí”
“Estoy aprendiendo a manejar la ansiedad con serenidad”
“Confío en que este malestar pasará”
“Mi mente se aquieta y mi cuerpo descansa con cada respiración”
Permanece unos instantes en silencio. Luego, abre tus ojos y sigue el resto de tu día con esta sensación de calma.
Y recuerda que cuando te mueves despacio, sin prisa, tu mente se calma, tu respiración se suaviza y fluye de forma natural. Entonces te das cuenta de que la serenidad no está fuera, está dentro de ti, en tu capacidad de detenerte, sentir y soltar.
Así que la próxima vez que sientas que la ansiedad te envuelve, recuerda parar. Respirar. Mover tu cuerpo con suavidad. Dejar que el movimiento y la respiración te devuelvan al presente. Porque cuando eliges detenerte y habitar la calma, surge la fuerza para recuperar tu equilibrio y sentirte en paz.
Recuerda que, si evitas SENTIR, el problema permanece.
Acompaño a personas que buscan reducir su ansiedad y sentirse mejor.
Cuando quieras, podemos hablar y ver juntos lo que necesitas.