Crecer con un tesoro

Este perfil se lo dedico a mi hermana pequeña, la persona más buena que se puede tener al lado. Allá va…

Cuando algún conocido suyo se para a hablar con ella por la calle, siempre acompaña la conversación con una sonrisa dulce y espontánea. Jamás mira a nadie con malos ojos y es difícil que se enzarce a criticar a alguien. Su esencia, tan pura e inocente, es lo más preciado que posee. Por eso he intentado protegerla tanto, desde que era pequeñita.

No tuvo mucha suerte con las amistades del colegio, ajenas al tesoro con el que jugaban. Con los chicos tampoco parecía encontrar el amor definitivo. Y ella lo buscaba y lo buscaba con cierta inquietud.

Mientras, sin percatarse, se fue haciendo cada vez más fuerte y valiente, aprendiendo de cada situación, dejando atrás las inseguridades y sin abandonar nunca su preciosa sonrisa ni su carácter guasón. Hasta que un día, llenó las maletas de arrojo y puso tierra de por medio para continuar su vida en un nuevo destino. En el camino se fue encontrando con buenas personas que en cuanto la conocieron, no quisieron separarse de ella ni un segundo, las que ahora son sus verdaderas amigas y su gran amor.

Y nosotras, que éramos inseparables, que nos hacíamos compañía en cada rincón, tuvimos que soltarnos de la mano y enfrentarnos a la distancia más despiadada. Kilómetros que cada día parecían alargarse más y más. Si supiera cuánto le echo de menos…

Juntas compartimos momentos increíbles. ¡Reíamos sin parar y cada día era mejor que el anterior! Sus brazos fueron el mejor consuelo para aliviar un mal día y los más reconfortantes para celebrar las grandes noticias. Siempre me tuvo como referente, sin embargo he sido yo quien más me he tenido que apoyar en ella.

Admiro su nobleza y su capacidad de amar y perdonar; siempre me ha aceptado a pesar de todas mis faltas.

Gracias por crecer conmigo, gracias por darme siempre la mano.

Comprensiva, fiel, divertida, sencilla, BELLA.

Te quiere, tu hermana.

 

Una tarde cualquiera

Aquí va otro perfil. Esta vez dedicado a mi querido padre

Le gusta tomarse su tiempo para hacer las cosas. Me lo imagino en el salón, sentado en el sofá granate de cuero raído, con unos cuantos folios en blanco y un bolígrafo. En la mesita, humea un café solo, sin azúcar, al que acompaña una magdalena recién horneada que él mismo ha cocinado durante horas. Durará segundos, ¡le encanta el dulce!

Cuando le pregunto -¿Qué haces, papá?- siempre me responde con ganas de iniciar una apasionante conversación. Lo que fuera a anotar en esas hojas ya no importa, la escena es la excusa perfecta para charlar con él, algo que siempre me ha maravillado.

Aparta los folios de sus rodillas, apaga la tele con decisión y me tiende un artículo de periódico recortado para que lea en casa. – A ver qué te parece- añade astuto, sabiendo que tendremos una conversación pendiente.

Después de un buen rato intercambiando anécdotas y exprimiendo realidades, mira el reloj y me anuncia que tiene que prepararse para salir.

-¿Vas al tiro al arco? -Sí- contesta mientras se anuda, meticuloso, los cordones de sus zapatos de vestir. Al incorporarse, se sacude el pantalón frente al espejo, se cubre con una chaqueta ligera (siempre ha huido de las prendas de abrigo) y recorre el pasillo con porte atractivo y una molesta cojera que arrastra tras años de machaque contra el asfalto. Antes de salir de casa revisa todos sus bolsillos: llaves, cartera, gafas… recita mentalmente. Cierra con llave y nos despedimos con un beso en la mejilla.

Me recuerda que en esta vida hay que ir contra la norma, ser especial, diferente. Desde pequeña me enseñó a esforzarme, a afrontar los resbalones, a perseguir mis sueños, a ser prudente pero a cierta distancia y sobre todo, a ser valiente.

Padre generoso, cariñoso, sereno, divertido e ingenioso.

Te quiero.