Los rizos más bonitos

Su voluminosa melena rizada, que tantos disgustos le dio cuando era pequeña, es ahora atributo de su enorme belleza. Lo suele llevar recogido y todos le insistimos en que se lo suelte, pero se resiste. Sólo ella sabe lo que supone lidiar con una mata de semejante calibre.

El pelo que luce ahora es la recompensa de un trabajo milimetrado frente al espejo durante años. El ‘modus operandi’ tiene su miga. Recién salida de la ducha, se quita la humedad con una toalla y después los nudos con un peine que promete milagros. Se aplica boca abajo una buena capa de espuma extrafuerte y en esa misma posición, recorre el cuarto de baño en busca del secador de pelo al que incrusta un difusor profesional. Tras el secado, desde las puntas a la raíz, lo ondea de un vuelco hacia adelante.

Su potente melena negra está armonizada ahora por unos rizos perfectos y domesticados, pero aún queda lo más difícil: el recogido. Se esmera porque el moño no se disperse ni se encrespe con tanta intentona. Se observa unos segundos en el espejo comprobando que cada rizo esté en su sitio -para ello atesora una legión de horquillas que guarda como oro en paño-. Y por fin está lista… ¡para bajar a por el pan! Así es ella. ¿Perfeccionista? No creo. ¿Presumida? ¡Y tanto que sí! Siempre perfecta, siempre bella.

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